2026-10-29

ACV: remarcan que los hábitos saludables siguen siendo la principal medida de prevención

En Argentina y en el mundo el ataque cerebrovascular es la segunda causa de muerte y la primera de discapacidad. Reconocer los síntomas y actuar a tiempo puede salvar vidas.

El ataque cerebrovascular (ACV) se produce por una alteración súbita en la circulación cerebral y ocurre cuando se obstruye el suministro de sangre a una parte del cerebro por oclusión de una arteria (ACV isquémico) o cuando una arteria del cerebro se rompe (ACV hemorrágico).

Este episodio suele dañar o matar partes del órgano, por lo que su atención de forma inmediata es fundamental para mejorar la calidad de sobrevida de quien lo padece, según un informe en el marco del Día Mundial del ACV.

En el mismo se indicó además que este año, a partir de nuevas recomendaciones médicas basadas en la experiencia de múltiples centros de los Estados Unidos, se ampliaron las opciones de tratamiento.

“La prevención sigue siendo la medida más importante para disminuir la discapacidad, por esa razón recordar que dejar el cigarrillo, controlar la presión arterial, una dieta baja en grasas y la realización de ejercicio físico en forma regular constituyen los primeros cuatro pasos para evitar el ACV”, expresó el Dr. Javier Goland (M.N. 89.032), jefe de Sección Vascular en la División Neurocirugía del Hospital de Clínicas de la UBA.

Además, señaló: “En algunos pacientes, el tratamiento por vía intravenosa puede administrarse hasta 9 horas después del inicio de los síntomas, en lugar de las 4 horas y media habituales. También se extiende hasta 24 horas el plazo para realizar una trombectomía, un procedimiento que permite extraer el coágulo que bloquea una arteria, y se incorpora su uso en casos de obstrucción de la arteria basilar”.

“Ahora se contempla tratar a pacientes con áreas de daño cerebral más extensas y a niños y se incorpora un nuevo medicamento, disponible en Argentina, como trombolítico endovenoso que permite administrar el tratamiento más rápidamente. Estas actualizaciones aumentan el número de pacientes que pueden acceder a una terapéutica que disminuye las secuelas en un porcentaje de casos”, aseveró el especialista.

Cómo reconocer un ACV

Los síntomas suelen aparecer de manera repentina: entre las señales más frecuentes se encuentran la dificultad repentina en el habla, pérdida de fuerza en un hemicuerpo, pérdida del equilibrio, asimetría en la cara, cefalea intensa sumada a náuseas y vómitos. En algunos casos se presenta previamente un dolor de cabeza brusco e inusual que puede preceder a la hemorragia por días o semanas. Un dolor de cabeza de estas características exige atención médica inmediata, aún sin otros síntomas neurológicos.

Para facilitar su identificación, en Argentina se utiliza la regla HaBraSo, una herramienta sencilla para recordar tres señales de alerta:

  1. HA (Habla): pedirle a la persona que repita una frase. Si tiene dificultad para hacerlo o no logra expresarse correctamente, puede ser un signo de ACV.
  2. BRA (Brazos): pedirle que levante ambos brazos. Si uno cae o no puede mantenerlo elevado, es una señal de alerta.
  3. SO (Sonrisa): pedirle que sonría. Si un lado de la boca queda caído, podría estar sufriendo un ACV.

Ante cualquiera de estos síntomas, hay que llamar inmediatamente al servicio de emergencias y registrar la hora en que comenzaron, no se debe esperar a que desaparezcan, conducir ni tomar medicamentos por cuenta propia e, incluso, si los síntomas duran pocos minutos y luego desaparecen, podría tratarse de un ataque isquémico transitorio (AIT), que también requiere atención médica urgente.

Factores de riesgo y prevención

Si bien no todos los ACV pueden evitarse, muchos están relacionados con factores de riesgo que pueden controlarse. “La hipertensión arterial es el principal factor de riesgo de ACV, seguida por las arritmias cardíacas, la diabetes, el colesterol elevado, el tabaquismo, el sedentarismo y la obesidad. Muchos de estos factores pueden controlarse, pero para eso es importante sostener hábitos saludables, realizar controles médicos periódicos y seguir los tratamientos indicados cuando existe alguna enfermedad de base”, explicó el Dr. Marcelo Cáncer, cardiólogo de Ospedyc.

Ante la aparición de un ACV, lo primero y más importante es contactar de inmediato a los servicios de emergencia. Es fundamental no dudar en mencionar la sospecha de este episodio al llamar, ya que puede acelerar la atención adecuada. El ACV se puede prevenir y, entre las principales recomendaciones de los especialistas, se destacan:

  • Alimentación equilibrada: se sugiere incorporar al menos cinco porciones diarias de frutas y verduras, seguir un patrón alimentario similar al de la dieta mediterránea —que prioriza el consumo de aceite de oliva, frutas, nueces, vegetales y cereales integrales—, y reducir la ingesta de grasas saturadas y grasas trans.
  • Actividad física regular: el ejercicio aeróbico ayuda a disminuir la presión arterial, elevar los niveles de colesterol HDL (colesterol "bueno"), mantener un peso saludable, controlar la diabetes y reducir el estrés. Se recomienda realizar al menos 30 minutos diarios de caminata, trote, natación, andar en bicicleta o hacer otra actividad aeróbica, la mayoría de los días de la semana.
  • Evitar hábitos nocivos: abandonar el consumo de tabaco, alcohol en exceso y drogas ilegales es clave para reducir riesgos cardiovasculares y neurológicos.
  • Controles médicos periódicos: realizar chequeos de salud de manera anual permite detectar y tratar precozmente factores de riesgo asociados al ACV, como hipertensión arterial, diabetes, colesterol elevado o arritmias.
  • Cuidado cardiovascular integral: en personas con antecedentes clínicos o condiciones como hipertensión, dislipidemia o trastornos del ritmo cardíaco, es fundamental mantener un seguimiento médico estricto y un tratamiento adecuado.

Después de un ACV, la recuperación no termina a los seis meses

“Un paciente puede seguir mejorando meses e incluso años después de un ACV. Es posible que los avances sean más lentos o que haya que cambiar las estrategias, pero eso no significa que ya no haya nada por hacer. También es importante conservar lo logrado y encontrar nuevas maneras de desenvolverse con mayor autonomía”, explicó Andrea Legarreta (M.N. 180.143), jefa de Rehabilitación del Centro Hirsch.

La rehabilitación comienza desde la internación, con una evaluación temprana y cuidados adaptados a cada persona. En cuanto su condición clínica lo permite, se empieza a trabajar progresivamente sobre la movilidad y las actividades cotidianas. Comenzar temprano ayuda a prevenir complicaciones asociadas al reposo y favorece la recuperación, aunque especialmente durante las primeras 24 horas debe evitarse una movilización intensa y respetarse la indicación del equipo tratante.

Los primeros objetivos suelen ser concretos: encontrar posiciones cómodas y seguras, recuperar movimientos y, cuando sea posible, sentarse, pasar de la cama a una silla o ponerse de pie. “Cada logro prepara el siguiente. Los objetivos se acuerdan con el paciente y se ajustan a su situación: no todos empiezan desde el mismo lugar ni necesitan lo mismo”, señaló Legarreta.

Agencia NA

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